No puedo…No puedo curar lo que está roto en ti. Pero puedo sentarme en silencio junto a tu dolor, como una luz que no deslumbra, sino que solo dibuja el camino de regreso hacia ti misma.Puedo ser el silencio que no te asusta,sino que te abraza como una manta suave en la noche más larga.Puedo ser las manos que no tocantus heridas, sino que solo las protegen, como quien sostiene a un pájaro que todavía tiembla de miedo.Puedo ser la voz que no insiste en queolvides, sino que te susurra que está permitido recordar y, a pesar de todo, seguiradelante.No estás simplemente rota: eres frágil deesa manera hermosa en la que son frágiles las cosas que vale la pena proteger. Hay en tiuna luz que solo se ve cuando alguien mira con suficiente atención.Y yo miro. Veo cómo tu dolor seencoge cuando lo nombran con ternura. Veo cómo tus heridas respiran cuando alguien nolas juzga. Veo cómo tu alma se relaja cuando comprende que está a salvo.Puedo hacerte creer que hayalguien capaz de amar precisamente eso: lo silencioso, lo vulnerable, lo verdadero. Que hay corazones que nose asustan de las grietas, sino que las besan como una promesa.Y si algún día sonríes como siel mundo volviera a ser suave, sabré que no te he curado; solo he estado a tu ladohasta que tú misma te permitiste creer que los rotos también tienen quien los ame.